Si preguntas a un estudiante por el nombre del inventor de la radio, te contestará con seguridad (con el permiso de la LOGSE) que Marconi; ¿y de la ampolleta? No dudará para responder que fue Edison. Pocas personas saben, sin embargo, que el primer aparato con el que se envió una señal transoceánica de radio, en 1909, utilizaba hasta 17 patentes del olvidado Nikola Tesla, y que si hoy la luz enciende en una habitación –cuando cualquiera oprime el interruptor– es gracias al desbordante talento de este ingeniero serbio.
Nacido en 1856, Tesla puede ser considerado como una especie de Leonardo moderno: inventor, niño prodigio, visionario, genio con mayúsculas…, sus avances en el campo de la electricidad desencadenaron una auténtica revolución científica (todavía hoy causan asombro). Sin embargo, su torpeza a la hora de moverse en el despiadado mundo de las patentes y los negocios, le condenó a un final ruinoso y solitario. Su defensa de la corriente alterna –la que hoy usamos en todos los hogares– le enfrentó, a finales del siglo XIX, a los intereses comerciales del poderoso Thomas Edison, padre de la costosa e ineficaz corriente continua (la que entonces imperaba); una apasionante ‘guerra de la electricidad’ que como buen loser (perdedor), Tesla acabó perdiendo. Para colmo nuestro protagonista tenía el corazón altruista y soñaba con generar una fuente de energía inagotable para trasmitirla de forma gratuita –sin cables, a través de la ionósfera– a toda la humanidad. Iluso…
Para ello levantó a las afueras de Manhattan la Wardenclyffe Tower, una gigantesca torre metálica que parecía sacada de la novela de Julio Verne. En cierto modo, su leyenda ha traspasado nuestro tiempo como la de un Capitán Nemo, un genio incomprendido al que se le han dedicado canciones y películas; y de quien se cuentan historias sorprendentes. Dicen que cuando Tesla murió, los servicios secretos confiscaron todos los papeles de su laboratorio, y una de sus invenciones provocó un incidente en Tunguska (Rusia), al explotar su arma termonuclear, que limpió un bosque de 2.150 kilómetros cuadrados.
Si realmente quieres conocer esta apasionante vida, intenta encontrar la obra de Margaret Cheney editada por Turner. NIKOLAS TESLA: el genio al que le robaron la luz.

El Fort�n del Estrecho