Muchas veces resulta grotesca la explotación  mediatica frente al dolor de la pérdida irreparable de una personalidad “de las tablas”, y el hecho se da claramente cuando el fallecido es un artista popular de renombre. Esta situación quedó comprobada últimamente en dos oportunidades, una es el caso de  la cantante anglo-árabe-hebrea, Amy Winehouse, lamentable, dolorosa y triste ocasión en la que los medios derrocharon pantalla y tinta para expresar “el dolor” y al mismo tiempo, morbosamente promover la venta de sus últimos éxitos, haciendo presente que milagrosamente la desaparecida artista había aumentado las ventas, “fue un gran milagro…” Lo mismo se dijo al fallecimiento de Michael Jackson, las ventas aumentaron junto con las especulaciones… Y hay quienes, y no son pocos que inocentemente viven esos momentos de manipulación y los hacen carne propia.
Cuan diferente fue la actitud mediatica frente al fallecimiento de don Antonio Prieto, esto, deja en claro que somos una sociedad manipulada, “chofereada”, autocolonizada, pacata, mezquina y soberbia.
Don Antonio Prieto, no fue ni borracho, ni drogadicto, ni escandaloso…, jamás llegó ebrio a cumplir con su trabajo, fue un gran artista nacional, y de prestigio internacional que jamás dejó de sentirse chileno; merecía al menos igualdad del espacio dado a  la dama inglesa, que murió según dicen de sobre dosis, detalle que algunos medios han resaltado morbosamente, al margen de su reconocida calidad artística.
 Ya hacía años que nada se sabía de Antonio Prieto, los medios no lo nombraban ni en sus programas del recuerdo… (Es que no vende, es la excusa de siempre, pero cuando se elucubra sobre cultura se derrochan liviandades).
La juventud actual ni siquiera sabía quien fue Antonio Prieto; pero si saben al pie de la letra todos esos temas en extrañas lenguas y esos ritmos que puede decirse “calificandoles” con respeto de  monótonamente  “idiotizantez”, por esa cargante insistencia…, pucha’cai’ si la tortura es desde que amanece y en todas partes. Bueno, en gustos no hay nada escrito pero, por favor al menos en el supermercado, por favor…, Ya que no bajan los precios al menos, bajen el volumen: muchas gracias.
A consecuencia de ello, hoy vemos como nos invaden todo tipo de bandas, grupos y canturreros de más allá del otro polo, y nos tiran sus currículos en inglés los más simples y como la mayoría no sabemos, “simple”, los encontramos la “raja”, “lo más que hay…”, “te amo”, “los amo” “mijitos ricos” les gritan nuestras mujeres agitando sus “calzo-tines”, y se desmayan dispuestas a todo. Y ellos…, esos chilenos recios, la mayoría con el lóbulo perforado, no lo hacen mal, su opinión a la salida de esos espectáculos siempre es calcadamente la misma: “genial” “años que los estábamos esperando…”
No sé, qué estoy hablando, si por lo demás, ellas, tienen el sagrado derecho a desmayarse cuantas veces quieran y donde se les antoje;  y ellos, evaluar desde su propio cristal para demostrar hasta donde llega su propio horizonte. Pero aquí y en la quebrá’del ají el ridículo es el ridículo, y la deformación cultural pasa a ser un muy buen negocio en el que los “gansos” son muy buenos aportantes. (Por supuesto: ser ganso, también es un derecho.)    
El precio normal tribuna alrededor de 100 mil pesos; (casi medio mes de “salario ético”) y los más pobres se pelean los ticket a 40.000 pesos la galería piojenta; (treinta kilos de pan), pero la respuesta es siempre la misma: “ellos son buenísimos…”. En el caso de este niñito  Justin Bieber que no visitó en agosto se pagaron hasta 250.000 pesos por el boleto de entrada; un mes de arancel universitario… Pero, para organizar una gira deportiva, editar un libro, para dar de comer a los hambrientos, para pagar un pasaje o comprar o importar un remedio a un enfermo…, para donar los órganos que se nos pudrirán…, somos cagadicimos, además de ratones de cola’pela, pero chauvinistas los huevones*  
Como sea, por falta de educación de calidad, jamás se borra en el talón la marca de la ojota… Los chilenitos con tarjeta de crédito somos más peligrosos que los piratas de Somalia. Pero los vivarachos del retail, nos hacen huevones antes de llegar a la esquina, Las Cajas de Compensación nos prestan unas monedas a los viejos antes de morirnos con el 100% de interés, o sea, el último estruje que nos da este sistema… total, al averno se entra desnudo…
Volviendo a la música, pero, pero, y re-pero, nunca se escucha a los expertos hablar del sometimiento cultural y conductual que produce en el alma de los pueblos, la sistemática intromisión de la música foránea (dirigida para esa razón). Esta intromisión es más efectiva (hace más daño, y cumple el objetivo, nadie sangra), cuando se trata de pueblos subdesarrollados, pueblos débiles. Muchas de las trasnacionales de la música están infiltradas por poderosos  órganos políticos o simplemente pertenecen a organismos de naciones interesadas en someter por esta vía al “adversario político-económico”… La música es un arma silenciosa empleada para ganar tranquilamente la gran guerra; entre aplausos y drogas. La música, correctamente empleada, es un arma contra el subdesarrollo.
En realidad este tema debe ser discutido, analizado y difundido por los expertos concientes, por esos expertos leales a la nación chilena…., para así frenar el daño que están introduciendo hasta el alma a través de los tímpanos…, con aros y sin aros. La televisión cómplice, también hace lo propio bombardeando las neuronas con veneno.  
Una buena solución: La Ley que regule la transmisión de música extranjera equitativamente con la difusión de música y autores nacionales… aunque no vendan.

TODO POR LA AUTONOMÍA POLÍTICA Y ECONÓMICA DE MAGALLANES
 
Huevón*: Palabra autorizada por la Academia de la Lengua. Pero, ya popularizada en todos los medios por el chileno el académico de la lengua. Y usada normalmente por los animadores, entrevistados como es el caso del italo-ordinario que tanto invitan a la tele’.  

Antonio S. Deza González, Director

El Fortn del Estrecho