El sistema acepta la violencia como accidente político predecible, manejable y le cataloga ignorantemente con esa liviana intención torcida, como anarquismo. El sistema está preparado, diseñado, educado y entrenado, adoctrinado por profundos intereses de sangre propia y de muchos foráneos, para enfrentar la desesperada violencia. Pero, es tiempo de comprender que el sistema no tiene armas para defenderse de la honesta inteligencia cívica. Al sistema le conviene el desmán, el destrozo urbano, para justificar su acción y victimizarse…, es más, sibilinamente estimulan esas acciones con actos que a todas luces alumbran la división de la opinión ciudadana para justificar la violencia, según el color gubernamental de turno.
Todo esto es infiltrado en el sistema comunicacional que hace su trabajo profesionalmente de acuerdo a las reglas que el sistema ha establecido… (Es tiempo de comprender que detrás del anuncio de una chispeante gaseosa de azúcar quemada, sólo está el engaño de una falsa felicidad).
El sistema no tiene armas para defender sus deficiencias e inoperancias contra el ataque culto de la ciudadanía; el costoso aparataje anti violencia queda inoperante frente a la cultura cívica: (esa misma que se eliminó de la educación formal). Eso, está comprobado. Pero, la violencia para el sistema también es buena, es un negocio no sólo político.
De mucho antes en la historia política de ayer y hoy vociferan denunciando campañas sucias; y ¿cuándo han sido limpias? ¿No es acaso la tragedia cívica que se vive hoy la cosecha del fruto de las inmundas siembras de egoísmos, traiciones, bajezas…, falsos juramentos, mezquindades, abusos de poder y privilegios económicos? Y, el horroroso fraude de La ley de pesca sigue funcionando a favor y beneficios económicos de los usurpadores, ¿no es una vergüenza que “nadie” de esa coluvie que firmaron la ley, hoy aún no digan nada?. De ese sector despotrican haciendo uso del derecho de la autoridad que brinda la Constitución del ‘80, para defender el Derecho a Propiedad, sin embargo no respetaron las propiedades del Estado financiadas con los impuestos pagados por la ciudadanía, propiedades que usurparon con la fuerza de esas armas entregadas por el Estado para defender de la Patria, armas benditas y juradas frente al pabellón nacional y ante Dios, para defender la Constitución y las leyes vigentes; “eso es perjurar”, “es un delito de traición a la patria”. Y hoy exclama denunciando campañas sucias.
Es tiempo de comprender cívicamente, qué es el deber ciudadano, si no se logra ver ese horizonte la tragedia de la incivilidad se pagará con un alto costo en la vida…, por las generaciones que vienen. Todo por la mezquindad de los administradores del sistema y la ignorancia cívica.
Todos, siempre han prometido hacer de Chile una gran nación, mire a su alrededor, escuche y mire, observe el entorno en que vive. Todos han prometido y siguen prometiendo lo que jamás cumplirán y si alguno se atreve a intentar cumplir su promesa: sólo como ejemplo, pregúntele a don José Manuel Balmaceda y a don Salvador Allende, al Gral. Schneider.
Éramos una nación pobre pero en marcha digna, teníamos un sistema educacional de alta calidad, teníamos aspiraciones industriales… Los administradores de este sistema nefasto se han robado la dignidad y el honor y la verdadera esperanza, que hoy, busca y ve en las piedras una vía de justicia…, y el sistema usa eso para justificar sus errores y aplica “violencias”.
Esta es la humilde voz que brota desde las cunetas y rompe ese vidrio y mancha esos muros y derriba monumentos; y el sistema usa esos actos y los azuza con la “violencia legal” de la ingeniería política.
“Desobedecer en defensa propia es el deber de un pueblo inteligente”, (Henry David Thoreau). Cuando lanzas una piedra gana el sistema. La indiferencia culta es la mejor arma contra esa farsante maquinaria de la politiquería del sistema. Es tiempo de comprender. El sistema político es cómplice del sistema; “éste”, les alimenta, les enriquece.
Tenemos que aprender a crear para consumir lo que somos capaces de producir, ese acto, produce trabajo, honradez, dignidad y paz. Sin producción no hay solución.

TODO POR LA AUTONOMÍA POLÍTICA Y ECONÓMICA DE MAGALLANES
SIN PRODUCCIÓN NO HAY SOLUCIÓN

El Fort�n del Estrecho