María Alejandra Vidal Bracho

Armados de un carro y dinero, entramos al supermercado. Nos paseamos indolentes con mirada escrutadora, buscando la mejor oferta, como buen habitante urbano. En estanterías y canastos, aguardan con pose altruista pacientes y tiernas verduras, junto a coloridas y coquetas frutas, algunas atrapadas en latas, otras se ofrecen a granel o en mallas; trozos de carnes en bandejas de diferentes tamaños, vinos y licores que prometen alegría, encanto. Golosas mieles y mermeladas; nobles y amables legumbres, en compañía de huevos y lácteos, además de otros productos varios.
Pero quién está detrás de este espléndido escenario; quién realmente hace posible tanto despliegue, para el paladar ciudadano. Por supuesto es el Mundo Rural y su titánico afán diario. Porque nuestra vida la debemos a quienes componen ese espacio, casi velado. Anónimos Héroes, que cada mañana con el Sol se alinean, para trabajar en los campos; ordeñando vacas, cuidando aves y animales, mimando frutas y vegetales. Curvando la espalda sobre palas y gualatos, curtiendo sus manos sabias en huertos que, para dar buen fruto, exigen total dedicación y excelente trato. Mundo Rural, hábitat milagroso, integrado por los más valientes, los más entregados. Por los generosos que prefieren, generalmente el anonimato y desde ese lugar invisible, generan todo lo necesario para, en este caso, surtir nuestros almacenes y mercados. Y así, jornada tras jornada, faenando, cuidando y cultivando, haciéndose uno con el arado, el tractor o el caballo, logran extraer de la tierra, la protectora magia maternal de su regazo.
Qué sería del Mundo Urbano, sin el soporte de Atlas que le da el Mundo Rural y no sólo en alimentos, porque gracias al talento de sus integrantes provee también, con generosidad, cobijo para el cuerpo, el alma y el hogar; fabricando con monástica paciencia, artesanías que destacan por su gran calidad. Flexibles colchas, mullidas alfombras, bellos chalecos, gorros, bufandas, listado sin final. Las bellezas en madera y la curtiembre, no se quedan atrás. Y como si este trabajo manual fuera poco el Mundo Rural es, además, el verdadero custodio del Legado Ancestral, porque gracias a su porfiado repaso de historias, cuentos y mitos, se mantienen vivas las raíces que nos dan identidad. Y para finalizar, a este breve registro, debemos también sumar los cantos, tonadas y cuecas; los bailes y exquisitas recetas, que se dan cita en las fiestas y son una parte más de las finas y valiosas piezas que componen esta joya perfecta, llamada Mundo Rural.

El Fortn del Estrecho