EDUCACIÓN CÍVICA

Del Diccionario de la Política
Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino.
13ª. Edición XXI Siglo Veintiuno Editores

Especial para seguidos y seguidores:
Juntas de Vecinos, Sindicatos, Directivas juveniles,
Dirigentes deportivos… etc.

ORAZIO M. PETRACA

1/5 EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO LIDERAZGO
El liderazgo se entiende normalmente, en la actualidad, en un sentido muy distinto del concepto corriente en toda una tradición el pensamiento que se remonta hasta Platón.
Como ejemplo de una formulación moderna del concepto tradicional se puede citar la definición de liderazgo que dan R.M. MacIver y C.H. Page 1937, quienes lo consideran como “la capacidad de persuadir o dirigir a los hombres que se deriva de cualidades personales, independientemente del oficio”. Aquí el liderazgo se identifica y se resuelve en la esfera de poder que es la resultante de las actitudes del líder en cuanto tal. El concepto de liderazgo permanece, de este modo, íntimamente ligado a la idea de una biología particular del líder: Y éste es el último reducto de una concepción del líder como “héroe” carismático que ha entrado en crisis –en el plano de la praxis (oposición a la teoría) política –con las revoluciones democráticas de los siglos, XIX y XX, y –en el plano de la elaboración doctrinal –con el desarrollo de las ciencias sociales ocurrido en estas últimas décadas.
Es, en cambio, más realista –y científicamente más fructífero –considerar el liderazgo como un papel:
a.- Que se desempeña en un contexto específico de interacción y refleja en sí mismo (y en su “cometido”) la “situación” de este contexto.
b.- Manifiesta ciertas motivaciones del líder y requiere ciertos atributos de personalidad y habilidad, además de ciertos recursos en general, que son todos (motivaciones, atributos y recursos) variables del papel en función de su contexto.
c.- Está ligado a las expectativas de sus seguidores, con sus recursos, sus demandas y sus actitudes.

2/5 FUNCIÓN Y CONTEXTO
Entender el liderazgo en este sentido no significa -obviamente – excluir que el líder pueda por sí mismo elaborar su papel, en una medida más o menos determinada, y hasta promover la formación del contexto en el que se coloca como líder. Se trata más bien de precisar la distinción entre liderazgo determinado por el papel y líder que determina el papel.
Desde este punto de vista del politólogo y economista francés Bertrand de Juovenel (1958), quien establece una diferencia de posición y de mentalidad entre el rentier politique (quien vive de la política) y el entrepreneur politique (empresario de la política), (distinción que en -el pensamiento del autor- está unida a la que existe la autorité emergente –autoridad emergente-). Y sobre esta base el sociólogo norteamericano de origen alemán Hans Heinrich. Gerth, 1953 y el sociólogo estadounidense C.W. Mills 1953, distinguen tres tipos de líderes: El rutinario- el innovador- y el precursor. Con esta última figura, entendiendo por “precursor” un líder que crea su papel, pero no tiene ninguna posibilidad de desempeñarlo (por ejemplo, Rousseau como ideólogo), Gerth y Mills, le dan a su tipología la misma amplitud excesiva que – como se verá más adelante – le dan a su concepto e liderazgo. Sigue siendo cierto, sin embargo, desde el punto de vista que acabamos de considerar que se pueden distinguir efectiva y útilmente por lo menos tres tipos de liderazgos:
El líder rutinario, que no crea (y no elabora), ni un papel ni el contexto en que lo desempeña sino que cumple únicamente dentro de los límites generalmente previstos, un papel de guía de una institución ya existente de la República que se comporte como lo hicieron Enrico De Nicola, Político liberal italiano, Luigi Enaudi Economista italiano por lo menos hasta 1954.
El líder innovador, reelabora también radicalmente un papel de guía de una institución ya existente y a pesar de todo reelabora el papel mismo de esta institución (por ejemplo, en Italia, un presidente de la República que logre asegurarse poderes de dirección política, o bien –para poner otro ejemplo sacado de la actualidad italiana – un líder sindical que asuma como propias las funciones de los partidos.
El líder promotor, una figura semejante aunque no idéntica a la del organization builder (constructor de la organización), tal como lo identifican Frederick H. Harbison y Charles Andrew Myers (1959), o sea como un líder que crea tanto su papel como el contexto en que lo realiza (por ejemplo, el que se convierte en fundador de un grupo, un sindicato, un partido, o también en un Estado, siempre y cuando- se entiende –logre darle un mínimo de consistencia a su iniciativa y mantenga una posición de líder dentro de la institución que ha promovido –.
Por otra parte, la personalidad del líder no es más que uno de los factores que influyen en la determinación de uno de los diversos tipos de liderazgos. En los casos de papeles ya determinados, éstos puedan definirse más o menos -como procedimiento de reclutamiento y como reglas de conducta- y corresponder a exigencias más o menos flexibles, y , por lo tanto, pueden resultar más o menos susceptibles de elaboración por parte del líder. En todo caso, es decisivo el hecho de que el liderazgo se relaciona siempre con la situación del contexto en que se consolida, y aun cuando esta relación no aparezca tan mecánica como para poder decir tout court que “los líderes son siempre, oculta o abiertamente, “PRESELECCIONADOS” “POR SUS SOSTENEDORES” de acuerdo con a las necesidades situacionales del grupo”. L.G Seliman 1968. Ya Hegel, por ejemplo, señaló que los “grandes líderes” surgen más fácilmente en las sociedades en fase de rápida transformación estructural.
De manera semejante, las funciones (y los objetivos del liderazgo no pueden considerarse como si reflejaran exclusivamente las motivaciones (y los intereses) del líder, siendo que siempre deben considerarse, en cambio, relacionados en cierto modo con el “cometido” atribuido al líder por el contexto que expresa. Por esta razón es cierto que el líder, en cuanto a tal, tiende siempre a la conservación de las estructuras y valores de integración respecto de su mismo liderazgo, aunque un hincapié excesivo en este aspecto –señalado justamente por A. S. Tannenbaun 1968 en la mayor parte de los estudios sobre el tema- entraña una teorización el liderazgo, interpretado conservadoramente, que es por lo menos unilateral.

3/5 LIDERAZGO
Y PERSONALIDAD
Después de los que se dijo más arriba, apenas si es el caso señalar que no tendría mucho sentido insistir en la tentativa de compilar una especie de lista de los atributos de personalidad y habilidad intrínsecos a la figura del liderazgo.
Estas tentativas han sido muy numerosas, Es el caso de Platón, como ya se indicó, que –en la República- diseña un modelo de líder forjado para su papel de “custodio del Estado”, no sólo por “una cierta disposición natural” sino sobre todo por la educación. Y de Aristóteles, que –en la política- desplaza el acento precisamente hacia las dotes naturales (“desde el nacimiento, de algunos están destinados a obedecer y otros a mandar”). Michels, a su vez –en los partidos políticos 1911- enumera toda una serie de “cualidades personales por las que algunos logran controlar a las masas y que, por lo tanto, deben considerarse como las dotes específicas de los líderes” (además el talento oratorio- evaluado con el “fundamento del liderazgo”, en el primer periodo del movimiento obrero- , fuerza de voluntad, superioridad de conocimientos, profundidad e convicciones, solidez ideológica, confianza en sí mismo, capacidad de concentración y “en casos especiales “ también bondad de ánimo y desinterés, “en cuanto les recuerdan a las masas la figura de Jesucristo y despiertan en ellas los sentimientos religiosos no extinguidos, sino solamente adormecidos”).
A diferencia de otros autores, yo no añadiría en cambio a esta lista –que por lo demás sólo tiene un valor de ejemplificación- el nombre de Maquiavelo. En El Príncipe, Maquiavelo, propone un concepto de la “virtud” política tan elástico que puede interpretarse muy bien, en aquel lenguaje de ciencia moderna, como una variable en función del contexto en que se desempeña el papel de líder.
Este enfoque es precisamente el más conveniente para el análisis e la personalidad del liderazgo. Lo atestiguan las investigaciones llevadas a cabo en esta materia, las cuales, cuando no se limitan a proporcionar resultados demasiado genéricos, identifican otras tantas constelaciones de atributos personales del liderazgo, tan numerosas como los tipos de grupos estudiados (y sus situaciones). Dentro de su simplicidad, es válida la enseñanza que ya en 1948 R.M. Stogdill, sacaba de una de sus reseñas de los estudios sobre los factores personales del liderazgo: ya que éste es “una relación que existe entre personas insertas en una determinada situación social (…), las personas que son líderes en una situación no necesariamente pueden ser líderes en otras situaciones”.
Las dotes de personalidad y habilidad del líder –como sus motivaciones-forman parte, en efecto, del marco de los recursos que, en la situación específica, se ponen en juego para la conquista y la conservación del liderazgo: y estaos recursos pueden ser tan diversos como diversas pueden ser las razones por las que se establece una relación de influencia.
No es- como podrá entenderse- que la personalidad del líder no constituya un factor de importancia relevante, ni que la figura del líder no tenga connotaciones específicas respecto de las de sus seguidores. Se trata solamente del hecho de que los aspectos personales del liderazgo no puedan generalizar es, más allá del UMBRAL DE LA BANIDAD, si no es dentro del marco de una tipología precisa (de la que actualmente todavía no disponemos). Cuando mucho, se puede convenir con H. D. Lasswell y A. Kaplan 1950, cuando escriben que “el rasgo distintivo del tipo político de personalidad común a todos los líderes es la acentuada demanda de valores de deferencia, sobre todo DEL PODER y DEL RESPETO” y en menor medida, de LA RECTITUD Y DEL AFECTO”. Sin duda, “el líder”, como tipo de personalidad, es inmensamente un político: su conducta está determinada por consideraciones relativas a la adquisición y al disfrute de los valores de deferencia”.
Por otra parte no debe confundirse la personalidad del líder con su imagen: ya sea como “autoimagen” –la que el líder tiene de sí mismo, o la que de alguna manera tiende a acreditar- , ya sea como imagen que los seguidores se forman de su líder. Por ejemplo, la “grandeza” se manifiesta más a menudo como atributo de la imagen que del hombre al que se refiere (es una observación de W. Lange –en su estudio sobre el “problema del genio” –retomada por Gerth y Mill). Asimismo hay que distinguir entre imagen del papel y la imagen de su titular.

4/5 LIDER Y SEGUIDORES
En cuanto a los seguidores, probablemente –como hace notar C.A. Gibb 1968 –“la cosa más importante que hay que decir acerca del concepto de seguidores es que éstos también desempeñan papeles activos”. En los análisis tradicionales el liderazgo se consideraba como una relación unilateral: “uno, o es capaz y tiene la capacidad de guiar, o, simplemente es guiado”. Pero ya a principios del siglo –como recuerda Tannenbaun-, G. Simmel, en lugar de adherirse a una concepción de liderazgo más bien tradicional desde el punto de vista global, advertía que “todos los que guían son también guidados” y además, “en innumerables casos el jefe es esclavo de sus esclavos”. Ahora bien, tanto más después de los estudios de C. J. Friedrich, sobre la “regla de relaciones previstas” -, está claro que líder y seguidores se encuentran dentro de una relación de influjo recíproco. Se trata de dos realidades complementarias: tanto que los seguidores se pueden definir –como sugiere S. Verba 1961- como “colaboradores” del liderazgo.
Sobre la relación entre líder y seguidores –más exactamente sobre el papel que adopta el líder respecto de sus seguidores-, basa la tipología (estudio de los tipos usados para la clasificación de modelos) propuesta por M. Conway 1915, que distingue tres tipos de liderazgo:
Los líderes que arrastran a la muchedumbre, que “son capaces de concebir una gran idea, de formar una muchedumbre suficientemente grande para realizarla y de forzar a la muchedumbre a realizarla”.
Los líderes representantes de la muchedumbre, que se limitan a “manifestar solamente la opinión conocida y establecida por la muchedumbre”.
A su vez –desde un punto de vista distinto, relativo a las razones por las que se unen al líder – los seguidores pueden dividirse en dos tipos:
Los fieles, que se comprometen por razones de carácter “moral”.
Los mercenarios, que lo hacen por motivos de interés.
Se trata de una distinción que desarrolla F. G. Bailey 1969, pero él mismo tiene que señalar que la relación entre líder y seguidores sigue siendo de la misma naturaleza en ambos casos. Un líder “no puede influir y dirigir los actos de sus seguidores sino en la medida en que distribuye recursos”: y las relaciones “morales” son tan recursos como las demás. Por otra parte, si los “mercenarios” pretenden el “beneficio económico” “directo”, también los “fieles” imponen obligaciones a su líder, por lo menos la obligación de “servir a la causa” y de comportarse como “el modelo de sus ideales”. Tanto en un caso como en el otro se realiza, por lo tanto, una relación de “transacción”.
En realidad –en materia de relaciones entre líder y seguidores –, el problema de fondo es el de conocer “por qué el que es guiado sigue al que lo guía”, pero en sus términos generales, éste es el mismo problema del poder y de su legitimación.

5/5 DEFINICIÓN DE LIDERAZGO
Las dudas y las controversias sobre este problema pesan no poco en las definiciones dadas del concepto de liderazgo, que, con todo, son bastante vagas e imprecisas, a pesar que C. Barnard –después de los modernos análisis de psicología, sociología y ciencia política- el lapidario juicio que pronunciaba en 1940 señalando que “el liderazgo ha sido tema de una cantidad extraordinaria de despropósitos “nonsense” (disparates) enunciados dogmáticamente”.
Según Gerth y Mill, se puede calificar como relación de liderazgo toda relación “entre uno que guía y uno que es guiado”, o sea toda situación en que “a causa del que guía los que son guiados actúan y sienten en una forma diversa de lo que lo haría en un caso distinto”. Sin embargo, el concepto de liderazgo adquiere, de este modo, una amplitud excesiva y se confunde prácticamente con el concepto de influencia, sin poner de manifiesto su rasgo específico. Los mismos Gerth y Mill, advierten que “tal vez” sería más exacto “determinar el liderazgo a ciertas especies de “autoridad”, entendida ésta como un poder que por una parte se ejerce consciente e intencionalmente y que, por la otra, se acepta y se reconoce espontáneamente.
Como una característica específica de la figura del líder respecto de la del “jefe”, algunos autores –por ejemplo S. Verba 1961, y M. Sherif 1962- señalan precisamente este aspecto de la “espontaneidad” de los seguidores en cuanto a tales. En su formulación, el concepto de espontaneidad implica además el grupo: “el estatus mismo del líder, existe dentro de un grupo, y no fuera del mismo” dice Sherif. Y el concepto de grupo a su vez, está ligado a la idea de un acuerdo entre líder y seguidores sobre los objetivos a alcanzar, lo cual es una constante que se encuentra en casi todas las definiciones modernas de liderazgo.
Los autores que se refieren al carácter “efectivo” de su poder ponen en evidencia otra característica de la figura de líder. Como escribe K. Lang 1964, “el liderazgo siempre es una acción efectiva, no un mero prestigio”. Cuando se produce “un escaso ejercicio de poder efectivo –precisan Lasswell y Kaplan-, tenemos una autoridad formalista, mas no un liderazgo” (pero son los jefes y no los líderes los que ejercen un poder efectivo “sin que éste se formalice en vistas a la autoridad”.
Pero la posición del líder no es una posición cualquiera de poder sino una posición “central”, tanto en el sentido en que habla también Lang, cuando dice que el líder “es el punto focal de la actividad de un grupo” (y W.F. Whyte 1943, demuestra que esta “centralidad” distingue las iniciativas del líder de las iniciativas de un seguidor), como en el sentido en el que habla A.S. MacFarlan 1969, cuando señala que la “idea de liderazgo combina al mismo tiepo los dos conceptos importantes de poder y decisiones cruciales” issue salience, (asunto prominente).
En conclusión –aunque sin la pretensión de dar una definición totalmente exhaustiva -, se puede decir que son líderes los que:
A.) Dentro de un grupo.
B.-) Detentan tal posición de poder que influye en forma determinante en las decisiones de carácter estratégico.
C.-) Poder que se ejerce activamente.
D.-) Y que se encuentra una legitimación en su correspondencia con las expectativas del grupo.

BIOGRAFÍA
E. G. Bailey, Las reglas del juego político 191169, Caracas, Tiempo Nuevo 1972.
H.-Gerth y C. Wright Mill, Carácter y estructura social 1953, Buenos Aires, Paidós, 2ª ed.1972.
C. A. Gibb, Los principios y rasgos del liderazgo 1968, Turrialga Costa Rica, 2ªca. 1969.
F. Harbison y C. Myers, La organización de empresas en el mundo industrial 1959, México, McGraw-Hill Latinoamericana 1972.
B. Jouvenel, La teoría pura de la política 1958, Madrid, Alianza 1965.
A. S. MaFarland, Power and leadership in pluralist systems, Stanford, Stanford University Press1969.
R. M. McIvery C. H. Page, Sociología 1937, Madrid, Tecnos, 3ª. Ed. 1977.
R. Michels, Los partidos políticos 1911, Buenos Aires, Amorrortu 1972.
L. G. Seligman, Leadership, political aspects, en International enciclopedia of thesocial sciences, Nueva York, Free Press, 1968.
A. S. Tannenbaum, Psicología de la organización laboral 1968, México, CECSA, 1968.
S. Verba, El liderazgo: grupos de conducta política1961, Madrid, Rialp, 1968.
W. F. Whyte, Estímulo económico y rendimiento laboral 1943, Madrid, Rialp, 1969.

 

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