PEDRO CORTI ORTIZ
Abogado
Ex Fiscal Regional

Los Reyes Magos le anunciaron a Herodes, que venían anunciados por las estrellas que en Belén había nacido un niño que será Rey de los judíos; pero sin indicarle el lugar exacto donde ocurriría ese divino alumbramiento. Herodes, sintiéndose traicionado por esos Reyes Magos, y analizando el riesgo que correría su reinado, ordenó a su ejército que dieran muerte sin contemplación a todo varón menor de dos, nacido en Belén.
Para evitar la muerte del recién nacido, Dios envió un ángel que se comunicó con José y le ordenó que de inmediato huyere a Egipto. Éste, sin pérdida de tiempo despertó a María quien cogiendo sus pocas pertenencias arropó a su recién nacido y montada en su burro iniciaron la angustiosa marcha por el árido desierto. De esa forma evitaron se cumpliera la macabra orden de Herodes.
En esa histórica huida el burro cumplió su tarea. En esos territorios el burro era un común medio de transporte, de carga y trabajo. En el decir en su obra Platero y yo, Juan Ramón Jiménez no dice: … ese burro que cumplió la divina misión debió ser “un animal pequeño –comparado con un caballo– peludo, suave tan blando por fuera que se diría todo algodón, que no tenía huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son tan duros cual los escarabajos de cristal negro…”. Otro burro famoso fue “el rucio” el que soportó el peso de Sancho Panza en la ruta de don Quijote de la Mancha.
Pasaron los años digamos algo más de treinta y dos, Jesús entró triunfante en Jerusalén, montado en la burra que le esperaba en la aldea, atada y un pollino con ella, tal lo señala Mateo en el versículo 21 de la Biblia.
La historia, en el desarrollo de la vida humana está marcada en muchas escenas con la presencia de estos cuadrúpedos llamados también, jumento o pollino, entregando su servicial energía. En Chile hasta hoy se les suele contemplar en el norte chico, y esporádicamente pasan por los barrios los propietarios de burras paridas ofreciendo esa leche a la que se le atribuyen características especiales. Con los naturales avances del progreso la presencia de burros en las ciudades son imágenes de postales del recuerdo y escenas en el cine y la TV.
Esta huida en burro que salvó la vida del niño Jesús, permitió el inicio de una religión que cimentó la civilización cristiana.
Aunque parezca risible podríamos hacer esta pregunta: ¿merece el burro un monumento?
Como alcance, hacemos presente que nada tiene que ver este tema sobre la nobleza de este animal, con los quienes se pueden considerar humanamente burros.

El Fort�n del Estrecho