Don Bernardo O´Higgins Riquelme el precursor e inspirador de la ocupación del Estrecho de Magallanes

INTRODUCCIÓN (RESUMEN).
Sin lugar a duda podemos asegurar que O’Higgins, fue el precursor de la ocupación, colonización y navegación del Estrecho de Magallanes. Así, fue interpretado fielmente por el general Manuel Bulnes. Este tema trascendental no se puede tocar sin tener presente a estos actores.
Aclamado como director Supremo del Estado, a raíz del triunfo de Chacabuco el 12 de febrero de 1817, O’Higgins no se da tregua ni descanso para asegurar la paz afuera y en el país; lucha por la libertad y por organizarlo todo. Así como junto a San Martín organizara la formación del Ejército Libertador, en el vecino país. O’Higgins, dedica sus afanes a la creación de la Primera Escuadra Nacional. Exclamaba: “Sólo la futura suerte de Chile, ha podido sostener mi corazón y mi espíritu. Yo debía encanecer a cada instante. El que no se ha visto en estas circunstancias no sabe lo que es mandar. ¡Sí, Patria mía, este es el mayor sacrificio y el más digno que he podido ofrecerte!”
O’Higgins proclamó la independencia y anunció a las demás naciones el nacimiento de la nueva República y su ingreso en las vías de la civilización y del progreso. Cuando hace repatriar a los desterrados en Juan Fernández, se le escuchó decir: Textual: “En este instante mi alma reboza de alegría; este es el día más grande de mi vida, que sobrepasa los laureles adquiridos en el Campo de Marte; este será el preciso recuerdo en mi vejez, y allá cuando retirado y olvidado, quizás, de mis paisanos, me asalte la negra pena de su ingratitud, me consolará entonces la dulce memoria de haber salvado mil familias de la orfandad y la muerte”.
En este trabajo no se pretende esbozar la obra del General; ello no cabe dentro de los márgenes limitados en una síntesis biográfica, y ello nos  apartaría del objetivo que es el Estrecho de Magallanes. Y en esta obra corresponde solamente demostrar la decisiva acción del General en la ocupación del Estrecho de Magallanes.
Las facultades extraordinarias con las que gobernó O’Higgins al país durante los años 1817 a 1823, le suscitaron, poco a poco, odios y resistencias que lo obligaron a la abdicación del mando…
(El general Luis de la Cruz, testigo de la histórica reunión en la que O’Higgins abdicó al mando, refería a su hijo también general José maría de la Cruz: Textual: “O’Higgins, fue más grande en esas horas de lo que había sido en los días más gloriosos de su vida”. Y hay que reconocer que O’Higgins no cayó como otros “vecinos” en la debilidad de querer establecer monarquías en Nuestra América.)
…El veterano Brigadier de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Mariscal del Perú, para que su nombre no sirviera de enseña a motines y revoluciones, se alejó de su patria, para buscar en el ostracismo, la paz y la tranquilidad  que en el Perú su patria no encontraba. Retenido en Chile durante cinco meses por la ofuscación de las mezquinas pasiones de ese momento, (igual que hoy), obtiene por fin, un honroso pasaporte al extranjero. Embarcado en Valparaíso el 17 de julio de 1823, con destino a Europa, prefiere desembarcar en el Perú donde pone su brazo al servicio de la independencia americana. Su día y su hora, lo encuentran el 24 de octubre de 1842.
La nación Peruana, reconociendo sus méritos, recibió en su seno al organizador de la Escuadra que le diera su libertad, y con muestra de gratitud y cariño le colmaron de honores y presentes entre ellos el obsequio de la hacienda Montalván, donde encontró dedicado a las labores agrícolas parte del olvido y las penurias que le dejara el poder y la terrible ingratitud de sus compatriotas. En esa tierra cultivó su sustento, ya que en Chile no tenía nada.
Pasaron veinte años y su preocupación en los intereses de Chile, lo siguen en sus sueños, y mantiene una formal correspondencia con algunos de los integrantes del poder en Chile, a quienes inspira en la solución de los graves e interesantes problemas nacionales del momento. Pero es digno reconocer que no hubo asunto que más le preocupara desde los primeros días de su gobierno  que la efectiva incorporación del estrecho de Magallanes a la soberanía nacional, con la intención de civilizar a los indios y establecer una regular navegación a vapor. En una de sus cartas se puede leer textualmente: “Yo tengo el consuelo de sentir que en el retiro de mi hacienda de Montalván he dedicado no cierta porción de mi tiempo, a meditar sobre las medidas mejor calculadas a promover el bienestar y prosperidad de mi país y no trepido en decir que siempre he considerado como la más importante de estas medidas la unión de todos los chilenos sur y norte del Bío-Bío como oriente y poniente de la cordillera, en una gran familia”.  
Y como para lograr tan noble objetivo, como primerísima medida considera la ocupación del Estrecho de Magallanes.
Más adelante, estudiaremos y recorreremos a través de su correspondencia con los que gobernaban los destinos del Chile de esa época, muchos de ellos, compañeros de armas. El noble desterrado logró convencer al gobierno de la necesidad de llevar a cabo inmediatamente  la importante empresa.

AUSPICIA O’HIGGINS LA UNIÓN DE TODAS LAS TRIBUS INDÍGENAS DE AMBOS LADOS DE LA CORDILLERA POR CONSIDERARLAS CHILENAS.
O’Higgins, no se habría creído digno de ser hijo de Ambrosio O’Higgins, aún habiendo sido este uno de los más importantes gobernadores que tuviera el entonces Reino Chile, si no trabajara durante su existencia en beneficio de la América del Sur, y especialmente, por su tierra natal. Nada admiraba más el hijo que los esfuerzos de su padre por conferir a los indígenas los beneficios de la religión y de la civilización. Los planes de Ambrosio se frustraron por la envidia (igual que hoy) de sus adversarios que amargaron y acortaron su vida, al decir de su hijo; de lo contrario él hubiera realizado la unión de todas las tribus araucanas, moluches, huiliches, pehuenches, puelches, o patagones a la gran familia de que aquellas tribus eran sólo ramas. Y dijo O’Higgins al general de la Cruz: “Que no haya yo hecho algún esfuerzo público para llevar a ejecución sus planes en los 17 años que han transcurrido últimamente (se refería al tiempo en el destierro), no es como usted bien sabe, mi culpa”.
Se admira O’Higgins que hayan pasado 22 años desde la declaración de la Independencia sin hacerse cosa alguna por amor a la humanidad…, (y hoy, podemos decir que han pasado 200 años sin haber logrado cimentar la conciencia social, pero sí, se ha logrado formar una sociedad mediocre y autocolonizada),… pero le alienta para ejercitarse públicamente en el bien de su Patria, el acto de justicia reparadora que se le hizo después de 17 años de destierro, el regreso a su suelo natal, y sin que pueda suponérsele con aspiraciones para ocupar nuevamente la primera magistratura a la cual protesta solemnemente no volver. O’Higgins manifestaba su disposición para trabajar empeñosamente en la unión de todas las razas indígenas, siempre que tuviera la certeza de la cooperación del Gobierno. Mientras tanto se hacía informar por el general de la Cruz acerca del número de las diferentes tribus, de su moral, condiciones físicas, sus guerras y sus alianzas y sus disposiciones hacia los chilenos del norte del Bío-Bío si se habrían descubierto o usado pasos de cordillera frente a Chiloé, si serían transitables por caballos o mulas, y sobre la naturaleza del país al oriente de la cordillera; y finalmente le recomendaba la mayor exactitud sobre esos tópicos porque de ello dependía el éxito de algunos planes que maduraba desde hacía algunos años. Textual: “Como espero tener el gusto de abrazar a usted antes de un año, dejaremos para entonces la satisfactoria oportunidad de los detalles y medidas en que muchas veces pensé, aunque demasiado apurado, en mi gobierno; pero sobre lo que he reflexionado profunda y constantemente en el retiro de mi vida privada”.
Al general Joaquín Prieto le manifestaba desde Lima el 8 de julio de 1830, la gran importancia de obtener la amistad por todos los medios posibles, no sólo de los araucanos, sino también de los pehuenches y huiliches ya que opinaba al igual que Juan Ignacio Molina, en el compendio de la historia geográfica, natural y civil del reino de Chile (Bologna 1782), que todos los habitantes de los valles del este, como los del oeste de los Andes, eran chilenos; que los pehuenches, puelches y patagones debían ser tenidos por tan paisanos nuestros como los del norte del Bío-Bío. Ningún acontecimiento le habría dado más satisfacción, que presenciar la civilización de todos los hijos de Chile en ambas bandas de la cordillera y su unión en una sola gran familia…Textual: “Estas son las aspiraciones en que se ha lisonjeado mi ambición en mi retiro durante las horas de descanso que me ha permitido el arado”.

Alfonso Aguirre Humeres, Historiador

El Fortn del Estrecho