Textual:

1.- LAS BULAS PONTIFICIAS
Cuando la pequeña nación portuguesa salía, en los siglos XIV y XV, de los estrechos límites  de sus costas para arriesgarse en exploraciones por las regiones desconocidas de África occidental, que les indicaban el camino a las Indias e islas de la Especería o Molucas, después de descubrir islas y tierras en este Continente, acudieron al jefe de la cristiandad para que les concediera la propiedad de sus descubrimientos. Así fue que el Papa Nicolás V. expidió la bula de 1454 en que otorgaba a los portugueses el dominio exclusivo de todas las tierras de infieles que hallasen en sus empresas marítimas. Algunos años más tarde, los españoles buscaban también por opuesta dirección a la de los portugueses, el camino que debería conducirles a las regiones orientales del Asía. Colón nunca sospechó que en su camino a las Molucas encontraría un nuevo mundo y desconocido y así fue que hasta su muerte, se mantuvo en ela convicción de haber recorrido parte del Continente Asiático. Después del primer viaje de Colón, los Reyes Católicos, a imitación de los portugueses, temerosos de ver arrebatadas sus conquistas, solicitaron del Papa el reconocimiento de su derecho de propiedad. El Pontífice Alejandro VI, accediendo de los monarcas Fernando e Isabel, por medio de sus célebres bulas de 3  y 4 de Mayo de 1493 que se contemplan, el Papa “por su propia liberalidad, de ciencia cierta y por la plenitud de su poder apostólico” concedía a los reyes de Castilla y de León, a sus herederos y sucesores, las tierras que estando poseídas por infieles, no hubieren sido ocupadas anteriormente por príncipes cristianos by estuviesen situadas al oeste y al medio de una línea imaginaria que corriendo de polo a polo, pasara a 100 leguas de las islas Azores y cabo Verde, con tal de propagar entre sus moradores la fe en Cristo. En una tercera Bula, de 25 de septiembre del mismo año 1493, fulminaba con excomunión mayor dicho en latín latae sententiae, a los que pasaran a las Indias a descubrir nuevas tierras, a pescar o comerciar sin el permiso de los Reyes de España*.   
Para el mundo católico de la época, no había derecho más legítimo a la propiedad de las nuevas tierras que el otorgado por el poder divino de los Papas, y las guerras que las naciones favorecidas con la gracia del pontífice sostuvieron con razas aborígenes de los países concedidos, no eran miradas sino como medio necesario par entrar en posesión de lo que legítimamente les pertenecía para pacificarlo y poblarlo. El jefe supremo de la Iglesia Católica consideraba que los infieles y paganos no poseían con derecho las tierras y demás bienes, y que los hijos de Dios podían quitárselas.
Los reyes españoles, interpretando la concesión pontificia como un derecho personal y absoluto en sus personas, negaban el paso al Nuevo Mundo a sus mismos súbditos sin un permiso especial o el de su Consejo de Indias bajo la pena de confiscación de bienes y expulsión. En un principio sólo se permitió embarcarse para América o Indias occidentales a los castellanos; pero esta restricción fue disminuyendo y Carlos V lo permitió aún a sus súbditos alemanes y flamencos.
Sin embargo, a pesar de la fe y obediencia a los dictados del Sumo Pontífice, aquellas bulas no fueron siempre acatadas por los demás príncipes cristianos o católicos, ni aún por los mismos reyes agraciados. El Rey de España ocupó las islas Las Marianas, Las Filipinas, y Las Molucas, que según el reparto del Papa debían pertenecer al Rey de Portugal. Los ingleses y franceses descubrieron y colonizaron algunas regiones de América del Norte, algunas islas en Las Antillas y en La América Meridional.                                         
                           
* Las Bulas en cuestión adolecían de graves errores al creer que las Azores y Cabo Verde se encontraban en el mismo meridiano y al tomar este mismo meridiano como límite norte de las tierras del mediodía, lo que hacía imposible la interpretación de aquellos documentos. Los monarcas interesados obviaron los inconvenientes y convinieron por el tratado de Tordesillas del 7 de junio de 1494, aprobado por el Papa Julio II, en fijar a 270 leguas más al oeste la línea divisoria entre los descubrimientos españoles y portugueses. Esta modificación del límite primitivo, hizo que el extenso territorio que más o menos forma hoy la República del Brasil, correspondiera a Portugal. Esas  Bulas se denominaban: Inter coetera, Eximiae devotionis; y, Dudum siquidem. 
  
(Continúa en el número 87)

Alfonso Aguirre Humeres

El Fortn del Estrecho