Después de leer este libro cabe una profunda reflexión sobre cual debe ser nuestra posición frente a la paranoia, a la frustración, y la falta de criterio de líderes que tienen a un pueblo contaminado por el virus del resentimiento…Sigámosles recibiendo a sus ciudadanos que huyen de la injusticia social, sigamos atendiendo a todas esas mujeres peruanas cuando dan a luz en las blancas sábanas chilenas,  sigamos absorbiendo en nuestras cárceles a sus traficantes de drogas y tengamos siempre presente que pisando nuestra tierra libre, ellos tienen nuestros mismos derechos humanos.  Eso es ser buen vecino. Y los grandes inversionistas sigan invirtiendo en ese país en desmedro de la mano de obra chilena… Y si llega el momento pídannos que les defendamos sus inversiones con nuestras vidas…, nuestros antepasados ya lo hicieron.  
Es por eso, que cuando hacemos una inversión en defensa, siempre chileno, pero siempre hay que pensar…: Que es por’siáca Dios no lo quiera, el cuarto jinete se desboque y le dé por invitarnos al demencial rodeo…, con rebenque y corvo’mierda… Total, cuando hierve la sangre p’tas que cuesta enfriarla.
Leer este libro no nos dejó espacio para la indignación…, nos ha producido pena, mucha pena por los humildes del Perú.
A este paso, ¿quién podría siquiera intentar pensar que es posible el sueño de Bolívar?

TEXTUAL:

“La guerra del pacífico siempre será un tema recurrente en nuestra historia, en parte porque no ha sido difundida y analizada como debería ser y también porque entre nosotros mismos, hay voces importantes que tienden a minimizar o criticar a todo aquel que pide estar alerta, frente al país que tiene como divisa: Firme y Feliz por la Unión, por la Razón o por la Fuerza.”
“El conflicto bélico fue una dura lección de la cual, la sociedad peruana no ha tomado conciencia porque así lo han querido las autoridades de este país y, en tanto permanezca esta indiferencia por nuestra historia estaremos propensos a repetirla.”
“Responsables de esta situación son quienes teniendo el poder y los medios para remediar este comportamiento no lo hacen, en otras palabras tenemos autoridades y dirigentes, en general, irresponsables que prefieren el olvido. Pero el país tiene derecho a discutir sobre esta guerra.”
“No basta con realizar el culto a nuestros héroes, hay que analizar las causas que nos han llevado a perder tanto territorio; aproximadamente  cedimos a Chile 63. 414 Km2, sin contar los 378. 900 Km2 que perdimos después de la independencia.”
“En esa línea Corporación Editora Chirre presenta esta obra. ¿Por qué se perdió la guerra con Chile?…”
“La presente edición trata de ser una clarinada de alerta. El afán expansionista de Chile, en todos los campos, se viene alimentando reiterada y cotidianamente en nuestros vecinos del Sur, no sólo con la guerra de marcas y patentes, sino con su invasión comercial y estratégica de productos en el mercado peruano o la sed que abate a su árido desierto y que lo obliga a dirigir sus ambiciones a la cuenca de Titicaca.
“Voracidad expansionista que resulta palpable por su incremento armamentista –producto de su economía boyante- mediante acciones que se sustentan en la tesis geopolítica de Pinochet y que apuntan a obtener la hegemonía del Pacífico, cueste lo que cueste, por la razón o por la fuerza.”
“Por eso, la pataleta mapocha ante la promulgación unánime y soberana de nuestras Líneas de Base. Heridos y desenmascarados en su afán, pretendieron llamar la atención de la comunidad internacional, queriendo exhibirnos como agresores o violadores de acuerdos internacionales marítimos. Y no les hicieron caso.”
“Ante tal orfandad, buscaron otros mecanismos. Los encontraron negociando con nuestro vecino del Norte: Ecuador; país en el que algunos personajes no disipan aún la idea de cercenar territorio peruano, aduciéndolo como suyo. El 1 de diciembre pasado, en un viaje relámpago e inusitado, el presidente Ricardo Lagos se reunió con su par ecuatoriano, Alfredo Palacio, para ratificar su acatamiento a los acuerdos marítimos 1952  y 1954. En una declaración conjunta , señalaban en su punto medular: su firme adhesión a los tratados y otros instrumentos del Pacífico Sudeste, en particular a la declaración sobre Zona Marítima de 1952 y al Convenio sobre Zona Especial Fronteriza de 1954.”
“La respuesta peruana no se hizo esperar. Mediante comunicado oficial desconoció que ambos acuerdos son tratados de delimitación marítima…”
“Así mismo recogemos la opinión del congresista Luis González Posada: No me sorprende, pues es una señal muy clara de que las cancillerías de los países están en la misma dirección. Esta firma no tiene un efecto vinculante para el Perú. Pero, más allá creo que nuestra cancillería optó por una dirección errónea al apoyarse en la Convención del Mar, cuando debió tener una actividad mucho más intensa en el trabajo diplomático. Por otra parte, creo que ha llegado el momento de recurrir al Pacto de Bogotá de 1948 o de Solución Pacífica de Controversias, el cual establece, primero, que las partes dialoguen; segundo, que exista una mediación o un árbitro; y tercero, ir a La Haya. Sin embargo, creo necesario insistir en que esto no debe ser pretexto para impulsar una carrera armamentista, que sería un acto genocida. Quiero recordar que la CEPAL indica que se han gastado 80.000 millones de dólares en armas, lo cual es algo ominoso.”
“La guerra por la delimitación marítima recién comienza. Y el Perú debe estar alerta. El Ejecutivo y el Legislativo, en sus tramos finales, deberían convocar a las personalidades versadas en el tema de legislación marítima internacional, desdeñando todo tinte político, a fin de resolver de una vez por todas si nos adherimos o no a la Convención del Mar.”
“Como Chile y su nuevo aliado no están dispuestos a aceptar la propuesta peruana, tendremos que acudir a los tribunales internacionales. Y los países involucrados deberán respetar ese fallo. Duela lo que duela. Esperando, eso sí, que los sureños no pateen el tablero. Tal como lo propugna la prédica pinochetista. A partir de entonces, la comunidad internacional debe estar alerta y los peruanos deben estar más unidos que nunca, a diferencia de lo que aconteció en los aciagos días de 1879. Sólo entonces comenzaremos a hablar de una sincera y necesaria integración continental, como la que soñó Bolívar.”
“Chile no olvida su camino al Perú, volverá y sus venidas son de temerse, porque recuerden las invasiones de los hunos y las razzias de los árboles: él destruye todo lo inmueble, desde la casa del rico hacendado hasta la choza del pobre indio, él traslada a Santiago todo lo mueble, desde el lavatorio de la escuela hasta el urinario de la plaza pública. Quien fabrique una habitación, trabaje una mina o siembre un campo debe pensar que construye y trabaja o siembra para Chile. La madre que se regocija con su hijo primogénito, debe pensar que ha de verle acribillado por balas chilenas; el padre que se enorgullezca con su hija predilecta, debe pensar que ha de verla violada por un soldado chileno…”

Resumen del Direcctor

El Fortn del Estrecho