Opiniones de don RUBÉN DRI, Profesor de Filosofía y Sociología de la Religión en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. (Argentina)
El tema conduce a un mayor conocimiento de un sentimiento permanente en nuestras vidas: EL AMOR.

Dra. RACHAEL ROSS
De Women’s Health

P.- Hoy, las parejas no prometen estar juntas “hasta que la muerte los separe” sino “mientras dure el amor”, ¿pero cuánto dura el amor.
R.- En la pareja se promete amor, “hasta que la muerte los separe”, y eso está bien, porque cuando uno ama, lo hace para siempre. Pero eso no quiere decir que se mantenga toda la vida.
P.- ¿Entonces el amor es efímero?
R.- Sí; hoy parece que el amor es algo que llega y se esfuma inmediatamente. Vivimos en la “postmodernidad”, una cultura en la que todo parece lábil (que ciertamente tiene fin). Los trabajos las amistades, y también el amor. Se vive el presente, que es instantáneo. Pero esta forma de ver la vida y de sentir la realidad nos hace perder lo que es sustancial: los valores, los proyectos, las utopías que le dan sentido al vivir.
P.- ¿Se puede vivir sin amor?
R.- No, no existe el ser humano sin amor. De hecho, desde el mismo nacimiento, surge una relación de amor entre la madre y el hijo que será fundamental para el desarrollo de la persona. El amor es entonces lo que define al sujeto.
P.- ¿Y cómo se define al amor?
R.- El amor es la expansión del propio ser en proyectos y en otros seres. Es la capacidad de proyectarse y expandirse hacia los demás. No sólo hacia la pareja, sino también hacia los padres, los hijos, los amigos, el trabajo, la vida misma. Y el amor es esencialmente, la capacidad de construir relaciones y proyectos.
P.-¿Por qué se termina el amor?
R.-El amor puede cesar cuando las vidas de dos personas, aunque vivan juntas, tomaron caminos distintos. Por respeto y por fidelidad al otro, deberían separarse. La separación no necesariamente se produce por infidelidad, sino por fidelidad al otro y a sí mismo.
P.- Sin embargo hay parejas que siguen juntas cuando el amor ya se terminó. Y hay parejas que se aman pero no están juntas…
R.- Son opciones que se toman en la vida. El amar a una persona no implica vivir en pareja con ella. Podemos no hacerlo por distintas razones. También ocurre lo contrario. A veces el amor muere y la pareja sigue, por comodidad, por hipocresía, o por cobardía. Porque no se atreven a romper algo que ya está roto. Pero esta es una situación muy terrible, muy dolorosa, de la que las personas muchas veces no salen porque no saben cómo.
P.- ¿Y qué ocurre con la amistad, también tiene un plazo de duración?
R.- Sí, hay amigos que son para toda la vida y otros que lo son durante un tiempo; pero eso no quita el valor de la amistad.
Ocurre que a veces toman caminos diferentes y se deja de ver a los amigos… La amistad se diluye entonces, pero es reemplazada por nuevas relaciones.
P.- Sin embargo estas rupturas en las que uno se distancia de los amigos no son tan dolorosas como cuando uno se aleja de la pareja…
R.- Claro, porque la amistad no conlleva a una pasión tan fuerte como el amor de pareja. La amistad está alejada de la sexualidad, mientras que el amor de pareja la incluye. Por eso cuando se termina provoca un gran vacío, un enorme desasosiego, una desorientación muy grande. Porque la vida se había centrado en esa relación tan pasional, y entonces hay como una pérdida de horizonte.
P.- ¿Qué diferencia al amor de pareja de otros tipos de amor?
R.- El amor de pareja incluye pasión y la sexualidad; y este elemento que es pasional, suele ser efímero, pero le da mucha fuerza. Además es muy contradictorio. La pasión puede desfallecer, asumir características agresivas, o dar lugar a una gran creatividad.
Las mejores realizaciones humanas tienen lugar cuando la pasión y la racionalidad van juntas. Desde las grandes obras de arte hasta las grandes revoluciones políticas. Para construir algo hay que combinar una importante dosis de pasión con una importante dosis de racionalidad.
P.- ¿Hay que pasar esta etapa más pasional para llegar a una etapa de menor exaltación?
R.- Si, esto sucede también en los grandes movimientos políticos y sociales: Primero hay un enamoramiento y muy fuerte de la gente con una causa, y parece que todo se va a transformar de repente. Pero después viene una etapa de sosiego, cuando no la desilusión.
Por eso lo importante, luego de un encuentro apasionado, es lo que se construye después. Y hasta dónde se puede construir. Porque el momento de la pasión es un momento de gran creatividad. Pero para construir se necesitan momentos de reposo, donde se puede construir una relación duradera, en la que ambos tengan proyectos.
P.- ¿Qué es lo contrario del amor: el odio o la indiferencia?
R.- Amor y odio son dos caras de la misma moneda. Porque el amor como el odio, cuando son grandes, están acompañados de una gran pasión.
P.- Cuando el amor se termina ¿siempre sobreviene el odio?
R.- Si la ruptura se produce cuando no se maduró el fin del vínculo, surge el odio. Sobre todo en aquel que es dejado. Cuando es uno de los dos el que plantea la separación, para el otro es muy doloroso. Queda descentrado. Son las rupturas más dolorosas, y las que más sentimientos encontrados generan. Distinto es cuando la decisión la toman los dos y la ruptura se va madurando.
P.- ¿Qué es lo que hace que el amor se termine? ¿La rutina?
R.- Cuando vemos todos los días el mismo paisaje, ya no apreciamos su belleza. Vamos buscando un nuevo paisaje. Y con el amor pasa algo parecido. Es por eso que en un momento determinado, si la pareja no se renueva, el amor se rompe o muere.
Somos esencialmente seres creativos. Cuando repetimos cosas, la repetición termina generando hastío, cansancio. Hablamos mucho de sexo; pero la repetición del acto sexual sin que signifique un descubrimiento del otro, termina siendo una rutina más. Cuando algo se vuelve rutinario y cansa, se busca la novedad, que es aquello que entusiasma.
P.- ¿Cómo podemos hacer para que el amor perdure?
R.- En esto no hay recetas. Pero sí hay algunos tipos de amor que están fundados sobre bases más sólidas que lo puramente pasional, como son los proyectos e intereses en común. Proyectar significa que hay una sustancia que permanece. Pero ese permanecer no es algo inmóvil, sino algo que cambia, que se transforma, pero conserva su esencia.
P.- ¿Qué lugar ocupan los proyectos en la continuidad del amor y de la pareja?
R.- Un lugar muy importante, pero no se vive sólo de proyectos, o sólo de proyectos en común. Porque a medida que se van cumpliendo hay que renovarlos por otros. Y también es fundamental que cada uno tenga su propio proyecto de vida. Que la pareja no sea todo. Porque cada sujeto tiene proyectos personales. Yo no concibo una pareja donde no existan proyectos personales. Estar en pareja no implica perder la individualidad. Si el otro no está, uno tiene que ser capaz de seguir adelante. Se puede vivir en comunión sin anularse. Que cada uno de los dos pueda hacer lo que quiere en la vida.
P.- ¿Existen niveles en el amor de pareja?
R.- Sí, hay niveles en el amor. Desde el más pasional, que es el nivel del primer encuentro y del entusiasmo. Otro nivel más espiritual, en el que la pasión sexual va cediendo, sin transformarse en un amor platónico, sino que ocupan más lugar los proyectos. Este tipo de amor tiene más perdurabilidad. Da lugar a una relación más duradera.
P.- ¿Siempre el amor acompaña al dolor?
R.- Sí, indefectiblemente. No hay amor sin dolor. Cuando se encuentra la pareja ideal, en la que uno ama apasionadamente, tenemos la sensación de vivir en plenitud; pero en esa misma sensación de felicidad y plenitud inmensa está contenido el dolor que se siente ante el temor de la pérdida o cualquier posibilidad de separación. Cuando el amor es intenso hay un impulso vital muy fuerte que a uno le hace vivir momentos de exaltación y gran felicidad. Pero necesariamente, están acompañados por otros momentos de dolor, en los que se siente el temor y la ausencia. Éstos son los momentos de gran creatividad, también.
P.- ¿El sufrimiento por amor puede ser patológico?
R.- Sí, cuando el sufrimiento es lo que predomina, estamos hablando de patologías: los celos enfermizos, la desconfianza, el sadismo que es el placer del sufrimiento. Eso es destructivo, son desarreglos del amor. No son amores que a uno lo realizan.
P.- ¿Cuando hubo una ruptura, el hecho de que el otro nos siga provocando dolor, significa que aun lo amamos?
R.- Si hay dolor es porque hay amor, sin dudas. Éstas son las separaciones más difíciles, porque el otro todavía nos importa. Y cuando más nos importa, más dolorosa es la separación.
P.- ¿Para mantener una relación de pareja, qué es más importante, el corazón o la cabeza?
R.- Para que un amor siga adelante hay que poner todo, evidentemente. No es sólo el sentimiento, que además puede cambiar de un día para el otro. Sino que el corazón debe estará asistido por la inteligencia, la voluntad y el esfuerzo.
Si a ese amor, uno lo trabaja, si lo madura, ese amor va creciendo, en especial el amor a la vida. No es eso verdad que con la edad el amo se diluye. A lo mejor desaparecen determinadas manifestaciones del amor, pero aparecen otras formas, y otras maneras de enfocar la vida. A medida que pasan los año, si uno ha hecho lo que realmente quería, y eso en lo cual uno se siente realizado, se va amando más la vida en la medida en que ésta avanza; en lugar de sumergirse en la frustración.
P.- Hoy prevalece la falta de compromiso, al menos en el largo plazo. Las personas están juntas mientras están bien; y si no, cada uno toma sus cosas y sigue su vida. ¿Se puede amar con intensidad sabiendo que el amor se termina?
R.- Yo creo que hay que combatir esa sensación de finitud, porque es nociva. El ser humano no vive para lo efímero; necesita trascender, tener proyectos, utopías. De lo contrario, se degrada y termina transformándose en un objeto que se usa y se tira, sin convicciones.
La verdadera realización del ser humano tiene que ver con la posibilidad de tener proyectos a largo plazo y valores por los cuales jugarse.
La vida tiene muchos de esos momentos: buenos, malos, intensos, superfluos, razones para vivir. Si uno tiene afectos y puede crear, si piensa y es reconocido por otros. Sin esto, la vida pierde toda su sustancia.
P.- ¿Sería como conservar la capacidad de amar y de soñar aunque haya fracasado un amor y un sueño?
R.- Si uno deja de amar, comienza a morir. La capacidad de amar es fundamental: está el amor de pareja, el amor a los hijos, a la evocación, a la naturaleza, ese especial y tan noble a la patria. El amor es muy amplio, abarca muchos aspectos de la vida.
P.- ¿Hasta qué punto es bueno ser consciente de que el amor puede tener una duración determinada?
R.- Es bueno tener presente que el amor se puede terminar. Pero hay que vivirlo como si fuera eterno. Se sabe que el amor puede no ser para siempre, y este hecho no tiene que causarnos una frustración profunda. Hoy, es preciso tener en cuenta esto más que nunca, dado que las condiciones de vida son tan cambiantes que hacen difícil la convivencia por mucho tiempo. Muchas veces, determinados dogmas religiosos llevan a eso: “Lo que Dios ha unido en el cielo, no lo separe el hombre en la Tierra”. Entonces, como en tantas facetas de la vida humana, meten a Dios en medio de resoluciones jurídicas, lo cual se aleja de lo que es propiamente el amor…
P.- Siempre se dice que el verdadero amor es altruista, desinteresado, y que da sin esperar nada a cambio, como el amor de Jesucristo…
R.- Yo creo que es un error pensar que el amor es completamente altruista. Nadie puede amar a otro sin amarse primero a sí mismo, ni Jesucristo. Lo que Jesús hizo por nosotros lo hizo también por él.
A veces se cae en la trampa de “vivir para el otro”, sobre todo en la pareja o con los hijos… Y eso se paga muy caro, en propia frustración, y en reproches hacia el otro. Muchas veces esa abnegación por el otro termina siendo una forma de manipularlo. El amor es esencialmente dialéctico: AMO Y QUIERO QUE ME AMEN.
P.- ¿En qué consiste esa dialéctica del amor?
R.- Es una ida y vuelta. Al ser esencialmente dialécticos, nos amamos al amar a otro, y al amar a otro nos amamos a nosotros mismos. Debemos tener en cuenta que se juegan esos dos momentos. Y esto es así en todas las relaciones humanas, no sólo en el amor de pareja. Las relaciones de amistad que más nos gratifican son aquellas en las que hay un dar y un recibir.
P.- ¿Qué pasa cuando ese juego no es simétrico, cuando hay uno que toma la iniciativa y el otro simplemente responde…?
R.- Si en una relación hay uno que es activo en todo y el otro completamente pasivo, se produce un quiebre. Esos vínculos generalmente no duran, porque crean desajustes muy grandes. Esas madres, que dejan todo por sus hijos y luego terminan reprochándoles que por criarlos bien dejaron de lado, entre otras situaciones, sus aspiraciones profesionales, terminan condicionándolos, quitándoles libertad para elegir: porque cualquier cosa que decidan termina en un reproche. Pero eso tiene que ir cambiando. A veces uno toma la iniciativa para algunas cosas, como las salidas o los proyectos; y el otro para hablar de la intimidad de la pareja.
P.- ¿Y uno puede llegar a alegrarse de que una ex-pareja esté bien con otra persona?
R.- Sí, cuando se ha madurado lo suficiente la ruptura, se tiene plena conciencia de que el otro es una buena persona, aunque la pareja no haya funcionado, y que tiene derecho a ser feliz, tanto como uno mismo. El problema es que la mayoría de las veces la ruptura se da en el terreno de los hechos mucho antes de ser madurada en el interior de cada uno. Entonces las personas siguen su vida por separado, pero pendientes aún del otro.
P.- ¿Se puede aprender a amar, o es algo que surge espontáneamente?
R.- El aprendizaje del amor, como de tantas otras cosas en la vida, no es meramente intelectual. No viene de los libros. Es un conocimiento vivencial. Por supuesto que las lecturas, reflexiones, y el compartir experiencias con otros ayudan mucho. Pero, básicamente, en el terreno del amor el aprendizaje es individual. Todo parte de la propia experiencia, y de los propios errores y padecimientos. Y éste es un camino que debe recorrer cada uno. Es intransferible.
P.- El personaje del libro de García Márquez, “Memorias de mis putas tristes”. El personaje reflexiona en un momento: “el sexo es el consuelo que le queda a uno cuando ya no nos sirve el amor…”
R.- Para mí, el sexo sin amor no tiene sentido. El sexo es un componente importante del amor, y de la vida misma. Pero no es todo ni reemplaza nada. Tampoco es consuelo de nada. El sexo es una comunicación íntima de dos personas. Si no hay sentimiento, es usar al otro como objeto.
P.- Cuando estamos enamorados solemos sentir una especie de omnipotencia, como si no nos hiciera falta nada más. Otros problemas y preocupaciones pasan a un segundo plano.
R.- Sí, en el enamoramiento el “yo” está expandido, y cree que todo lo puede, que no necesita nada más. Es una sensación de mucha plenitud, de tocar el cielo con las manos. Pero eso no dura demasiado. Hay un desengaño que, si es superado, nos lleva a una etapa más realista, que propiamente es la del amor.
P.- ¿Entonces el enamoramiento es una etapa efímera y hay que desengañarse para llegar al amor?
R.- Yo creo que el enamoramiento, entendido como el entusiasmo y el motor de los proyectos, debería durar toda la vida. Aunque no sea el enamoramiento hacia la pareja, sino hacia la vida misma. Hacia el trabajo, los hobbies, los proyectos. Lo contrario del enamoramiento es el aburrimiento, y el aburrirse es como agonizar. Hay que salir del aburrimiento. Uno puede cansarse de hacer algo o de estar con alguien, pero siempre hay que buscar hacer otra cosa, renovar el vínculo desde la propia actitud, no necesariamente cambiando el vínculo.
P.- ¿Entonces, entusiasmarse o enamorarse depende de la voluntad de cada uno?
R.- En parte sí, y tiene que ver con conectarse con lo que uno quiere y lo que a uno le gusta. Es como la evocación. Cuando uno ama lo que hace, puede llegar a aburrir en algún momento, pero siempre se le encuentra al trabajo alguna vuelta que lo entusiasma.
P.- ¿Qué cosas hacen plena la vida? ¿Se puede estar en plenitud sin tener pareja?
R.- Sí, por supuesto. Pero una cosa no reemplaza a la otra. En la vida uno va optando: tener pareja o no, hijos o no. Y la soledad puede ser también una opción, que tiene sus consecuencias. Buenas y malas. Hay más libertad, más tiempo para sí mismo; pero también puede haber desamparo. Ninguna opción es mejor ni peor, todo depende de cómo afrontamos las consecuencias.
Es importante, sobre todo para las mujeres, porque han sido educadas de esa cierta manera, de no creer que el único camino de realización es casarse y tener hijos. Primero, se es sujeto como mujer. La maternidad biológica puede darse o no, pero es un aspecto más de la vida, no todo.
P.- ¿Qué importancia tiene el amor en la vida de una persona?
R.- El amor es esencial. No existe vida sin amor, o es una vida que se degrada. Pero no estoy hablando del amor hacia una persona en particular, sino el amor en general. Uno tiene que amar lo hace. Y este en un aspecto muy importante: gran parte de la frustración de nuestra sociedad reside en que uno está obligado a hacer cosas que no ama. Entonces uno no se realiza… Hay muchas formas de realizarse en el amor. Lo importante es encontrarle sentido, amar lo que uno hace.
P.- ¿Entonces el amor no es único, sino que hay varios tipos de amor?
R.- El amor es uno solo, pero es importante volcarlo hacia todos los aspectos de la vida. No sólo hacia la pareja y los hijos, sino también hacia el trabajo, los amigos, básicamente hacia todo lo que hacemos. Y los maestros hacia los alumnos.
Cuando puede expandirse creativamente, la vida tiene realmente sentido.
P.- ¿Cómo cuidar el amor?
R.- El amor nace más o menos espontáneamente; pero luego hay que cultivarlo. Es importante atender al otro, en el sentido de estar atento, interesarse. No creer que porque uno formó una pareja y vive bajo el mismo techo, ya no haga falta nada más. Hay que cuidar el trato, los detalles, mantener la comunicación, buscar momentos para compartir, variar las rutinas, renovar el vínculo, proyectarse juntos.
El amor no está sobreentendido y asegurado. Hay que poner creatividad y trabajo. Lo mismo pasa con la amistad. Si no se cultiva, se pierde.
P.- Está claro que enamoramiento tiene una duración, pero ¿el amor verdadero también tiene un plazo? ¿Cuánto dura el amor?
R.- Cuando uno ama, ama para siempre, uno no se pone límites. Uno trata de tener proyectos más a largo plazo, y la historia dirá hasta donde llegamos.

El Fortn del Estrecho