Al caminar por las calles de la ciudad, cualquiera sea el ritmo, a muy pocos no se le escapa la mirada hacia esos escaparates que exhiben esa moderna y  provocadora ropa interior femenina.
En nuestros días es normal aceptar que las damas usen esos sostenes sexy y esas populares tangas. Pero, devolvámoslos un poco en el tiempo y comprobaremos que la cosa no siempre fue así.
En el siglo XIX la llevaba el corsé, en los años 60 la moda manaba a ellas, tener una cintura de “avispa”, y cuando se las ve en las antiguas gráficas queda uno pensando, cuánto habrán sufrido esas mujeres apretándose la cintura hasta la asfixia, para lograr esos codiciados 41 centímetros de cintura. De aquí se desprende lo que cuentan las anécdotas literarias que ellas cuando tenían una emoción muy fuerte, especialmente de corte romántico, se desmayaban, y no era imaginación literaria.
Todo esto comenzó a cambiar en el año 1860 cuando doña Augusta quedó viuda. (Esa es parte de otra historia ya que quedar viuda o solterona, o ser madre soltera, en esos años era una situación muy trágica). Ella mujer emprendedora hizo todos los esfuerzos para montar un taller dedicado a la confección de guantes que bautizó como Sant Perrín, pero que al poco andar rebautizó como Valisere.
En esos tiempos el uso del guante era muy común por dictamen de la moda y especialmente  todas las mujeres los usaban como obligación en la alta sociedad y las damas con “menos pelo” imitaban para parecer (más o menos lo mismo que hoy). Por otra parte andar públicamente con las manos desnudas significaba una provocación erótica, tan grave como si una dama de nuestros días se quitara el sostén para mostrarse impúdicamente en la vía pública (aunque ya falta poco para eso).
Tanto era el fanatismo del asunto de los guantes, que las mujeres los adquirían una talla más chicos para que la mano quedase arqueada dispuesta para ser ofrecida al galán que siguiendo el ritual de apareamiento de esa época la besaba apretadamente hasta llegar a humedecer la piel del guante. (Que rico).
Madame Perrín, mujer emprendedora, en el año 1919 amplió su producción en lo que ellas llamaba “el terreno de otras armas” de mujer y no era ni más ni menos que la confección de prendas intimas femeninas (y aunque no lo crea también para varones especiales).
La empresa fue un éxito, en esos años llegó a ser la principal empleadora de la alpina ciudad de Grenoble, y en la Feria Mundial de Paris del 1900 fue premiada como empresaria destacada.
Finalmente…, la fábrica pasó a manos de sus herederos y a mediados del XX comenzó a declinar; la competencia era feroz.
En 1991 la marca Valerise fue adquirida por la firma alemana Triumph Internacional, no obstante la marca Valerise no desapareció y a pesar del tiempo se ha transformado en una línea de elite de la industria  de lencería alemana. (Las invasiones siempre dejan “algo”).
Mujeres como ésta, en chile  tenemos miles, sólo falta que les reconozcamos sus méritos.
Cada atardecer cuando titilan las luces del millar de ventanas en las márgenes, una cocina humea entibiando la sopa reparadora para ese músculo rendido que vuelve al descanso y por una caricia…, compartida.   

Resumen del Director

El Fort�n del Estrecho