Rosario Orrego, conocida como la primera novelista, periodista y mujer académica del país, nació en 1834 en Copiapó. Fueron sus padres, Manuel Andrés Orrego y Rosario Carvallo.

Sus primeros estudios los recibió en el espacio privado de su hogar, luego asistió a diversos colegios. Posteriormente, buscó ampliar su aprendizaje por medio de la lectura de autores extranjeros y nacionales. Años más tarde, consciente de su ilustración privilegiada, comenzó su preocupación por el derecho a instrucción de la mujer, llegando incluso a incorporarlo como motivo de algunos de sus poemas.

Tempranamente, a los catorce años de edad, contrajo matrimonio con Juan José Uribe, un industrial minero, con quien tuvo cinco hijos.

En 1853, se trasladó a Valparaíso luego de enviudar. Allí, inició su labor literaria, publicando sus primeros poemas en la revista La Semana. Posteriormente, utilizando el seudónimo Una madre, prosiguió con sus colaboraciones en La Revista del Pacífico y revista Sud-América. En 1860 se dio a conocer como novelista, al presentar por entregas en La Revista del Pacífico, Alberto, el jugador, una narración que ella denominó “De costumbres”. Con esta obra Rosario Orrego se situó como     la primera novelista de Chile, manteniéndose en este sitio durante dieciséis años.

Su segunda novela, Los busca vidas, también la publicó por entregas, en la revista Sud-América, sin embargo, la dejó inconclusa. Mientras tanto, siguió entregando artículos y publicando poemas, y sólo se atrevió a firmar por primera vez con su verdadero nombre en 1872.

Fue por su constancia, que en 1873 su labor fue reconocida por los miembros de la Academia de Bellas Letras de Santiago, quienes le otorgaron, en solemne ceremonia presidida por José Victorino Lastarria, el título de socia honoraria. Con este nombramiento, Rosario Orrego se instaló como la primera mujer académica de Chile; consciente de ello agradeció con su poema “Contestación a la Academia”. Ese mismo año, además, fundó la Revista de Valparaíso, donde escribió en el primer número un interesante prospecto. Allí, también, dio a conocer su novela Teresa.

En 1874 se casó con Jacinto Chacón, poeta al igual que ella, a quien dedicó “La inspiración”.

Rosario Orrego falleció en 1879, el 21 de mayo, el mismo día en que su hijo, Luis Uribe, combatía en las costas de Iquique en calidad de segundo comandante de la corbeta Esmeralda. Se dice que Rosario vaticinó este momento en uno de sus escritos: “A Luis”.

Su obra poética, esparcida en revistas, fue reunida por primer vez por Isaac Grez Silva, quien realizó una compilación de sus mejores poemas e incluyó su novela corta Teresa. Además, agregó una biografía, gracias a la cual hoy conocemos más datos sobre esta escritora. Asimismo, integró homenajes de intelectuales de su época, uno de Augusto Orrego Luco y otro de Ricardo Palma.

Rosario Orrego ha sido incluida en numerosas antologías. En el año 2001, su novela, Alberto, el jugador, fue reeditada por primera vez por Editorial Cuarto Propio.
En esos años era mal visto por la sociedad pacata y mezquina de la época era muy mal visto que una mujer se dedicara a las cosas del arte. El bello sexo tenía como tarea fundamental la tarea de dedicarse al hogar y los hijos.
A su querido hijo Luis, cuando recién era cadete en la Marina de Chile, la señora Orrego le dedica este inspirado poema, en que revela la delicada ternura de amante madre que intuye el destino superior para su vástago y cuyo fragmento insertamos a continuación:

“Ayer mecía tu inocente cuna
y te arrullaba plácida y feliz;
hoy te mece una nave, y la fortuna
de mí te arranca, idolatrado Luis.
Paréceme ayer, Luisito mío,
Juntas tus manos, te enseñaba a orar,
Hoy sobre la ropa de un navío,
Niño dominas el airado mar.
Ayer tus juegos, tu gentil viveza,
La dicha hicieron del paterno hogar;
Hoy de los quince el garbo y gentileza
Te dan el nombre la arrogante faz.
El uniforme del marino austero
Te ha despojado de tu blusa dril,
Y la espada, la insignia del guerrero,
Realza tu persona aún infantil.
Eres ya un hombre. En tu tostada frente
¡Cómo alboreando el patriotismo esta!
Ya brilla en tu pupila el fuego ardiente
del jefe osado, del marino audaz…
sigue ingratuelo, la brillante estrella
que al bravío guía al campo del honor;
mas mira la honra de la patria en ella…
¡que yo a solas oraré por vos!”

Información: Gentileza del escritor e historiador Oriel Alvarez Gómez

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