EN BUSCA DEL PARAÍSO PERDIDO, así se titula el libro de la Neuropsiquiatra doctora Amanda Céspedes quien ha dedicado su vida a los problemas infantiles, el tema, las consecuencias que el estrés crónico tiene en la vida de los más pequeños y nos explica como los padres y quienes le rodean pueden ayudar a estos peques.
Amanda Céspedes nos dice, que en los años de experiencia profesional ha venido comprobando como va en aumento el número de niños aquejados por esta mal, y lamentablemente no está en sus manos la solución para dar alivio, y que los adultos que rodean al paciente parecieran no darse cuenta, sino que además en muchos casos resultan culpables y con esta actitud perpetúan en estrés crónico en los menores.
“El estrés es una reacción fisiológica del organismo, en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada, transformándose en una respuesta natural y necesaria para la supervivencia.
Pero el estrés crónico es otra cosa. Es justamente el que causa daño a los niños y es el que esta neuropsiquiatra define como una demanda excesiva sobre un organismo preparado sólo para situaciones de estrés pasajeras. Y continúa: El estrés se puede instalar en la vida de un niño desde que está en el útero. En este caso, el maltrato psicológico a la madre por parte del padre de esa criatura por nacer es la primera causa; y si además ese maltrato es físico, el estrés del bebé “in útero” se incrementa aún más. Desde ese momento –y por los próximos veinte años- el niño y luego el adolescente estará expuesto a decenas de situaciones generadoras de un estrés excesivo y constante, que va minando su resistencia y arruinando su derecho a vivir feliz”.
En este libro se detallan de manera muy especial aquellas situaciones que están legitimadas por la sociedad chilena, como es la falta de respeto al niño, el maltrato psicológico, el cerrar las puertas de la comprensión a las discapacidades , el inconsciente abuso de poder que ejercen los adultos en contra los adolescentes, y esta lacra creciente de matonaje escolar. En este libro queda explicado y desenmascara a esos niños que se esconden tras su conducta abusadora y que denominamos bullying.
“En la mayoría de los casos de estrés crónico en los niños el daño es causado por sus padres, “con la mejor de las buenas intenciones”, en una respetable mayoría. “Por ejemplo nos explica: los papás castigadores que golpean o humillan a sus hijos -para formar hombres de bien- y señoritas respetables; en el caso de los profesores, estos son implacables con sus alumnos que no progresan porque desean –hacerles despertar su flojera-; los directores de colegios que amenazan con la expulsión, para demostrarles que deben corregir su conducta- y los padres controlan férreamente a sus hijos adolescentes para que -no vayan por mal camino- . Se da también el caso de los pediatras, necesariamente causan dolor físico a los pequeños para curar alguna dolencia, y el profesional se enoja y acusa al menor de manipulador; cuando el niño se defiende y muestra su temor o abiertamente aterrado, nos explica la doctora Amanda Céspedes. Y continúa, Por supuesto ninguno de ellos actúa queriendo hacer daño, con excepción de un mínimo porcentaje de adultos con trastornos psiquiátricos o negligentes o abusivos, que no que no experimentan el sentimiento de amor por los niños”.
“El gran problema es que por querer que el niño sea mejor persona se le daña a veces brutalmente”.
“Junto con esas figuras de autoridad, el ambiente en que se desempeñan también afectan a los niños. Hoy tenemos el ejemplo a la vista, los espacios urbanos son grandes generadores  de estrés crónico infantil, a causa del exceso de estímulos, y la estridencia y de ese vértigo con que se a disfrazado la alegría…, cuando el adulto vocifera o sube el volumen de la música que perecieran ser una señal de estar pasándolo bien, daña aunque no lo crea porque los niños están inclinados a la armonía.
Otras de las causas de este mal es cuando al niño se les estimula el consumo desenfrenado, el lograr el éxito aunque sea pasando por encima de los demás desenfrenando un brutal egoísmo”.
En resumen: “¿Qué debe hacer un padre cuando percibe que su hijo está estresado? Primero identificar de qué tipo de estrés se trata. Si es una demanda normal es importante estar atento, pero dejarlo pasar, considerándolo como un evento natural, provocado por una situación particular en la vida del niño. El estrés que produce una prueba de materia escolar, de una competencia deportiva o de un viaje de intercambio, forman parte del “buen estrés”, porque esa tensión trae beneficios para el organismo; ayuda a estar alerta y a crecer emocionalmente, favoreciendo el desarrollo de la inteligencia”.
“El mal estrés, en cambio, es el estrés crónico. Es ese estrés que acompaña al niño que vive en ambientes de mucha ira, de discusiones, amenazas, de descalificaciones. Se trata de un estrés que se instala por años en la vida de un  niño y que poco a poco va destruyendo su derecho a ser feliz. En estos casos es de extrema urgencia actuar inmediatamente permitiendo la ayuda profesional especializada, para eliminar por completo su origen y salvaguardar la integridad emocional de los hijos”.
“El colegio tiene también dentro de esta problemática una importante responsabilidad, ya que no es posible que un menor que no logra aprender a leer sea humillado por su profesor, profesora”.
“Los síntomas de estrés se evidencian de distinta manera, pero es más difícil cuanto más pequeño es el paciente. Es muy difícil percatarse que está agobiado por situaciones de estrés crónico. En el libro demuestra que un niño puede verse afectado en cualquier parte de su organismo, desde lo mental hasta lo inmunitario”. Los más pequeños suelen mostrar síntomas corporales como disturbios en la alimentación y trastornos de sueño, pero un rasgo más común a toda edad es la irritabilidad y la ansiedad excesiva. Cuando el niño es más grande es común verles en busqueda de consuelo en elementos “anestésicos” del dolor como las consolas de videojuegos, el tratar de estar en la calle lo máximo posible o en las constantes peleas por motivos banales. Cuando llega la adolescencia síntomas comunes son el mal talante permanente, el exceso de consumo de alcohol y la actividad sexual promiscua, sin compromiso afectivo”. 
Nota de la dirección:
Las autoridades políticas, policiales, religiosas, educacionales y en general los adultos, tenemos una enorme responsabilidad:  evitar los acontecimientos y conductas que afectan a nuestros niños provocándoles estrés crónico. Eso no significa irresponsabilidad, significa educar y proteger con responsabilidad.

AMANDA CÉSPEDES CALDERÓN Neuropsiquiatra infantil especialista en salud mental del escolar. [email protected]

El Fortn del Estrecho