LA TROMPETA

Su extensión: del fa sostenido2 al do5. Su carácter heroico y penetrante ha sido puesto en evidencia por todos los compositores clásicos; actualmente y a partir de Richard Wagner que le confió frases de muy distinta intensión, la trompeta se ha convertido en instrumento de múltiples posibilidades sin que deba limitarse a resaltar los momentos de máxima fuerza orquestal o a intervenir sólo en situaciones grandilocuentes o “heroicas”. Bach había comprendido muy bien que el timbre de la trompeta, en su región aguda, poseía un elevado poder de sugestión espiritual: véase al final de la Misa en si menor, donde los sonidos agudísimos de la trompeta planean sobre la masa coral y orquestal, surgiendo del complicado contrapunto de las voces como flechas de una catedral gótica. Wagner al contrario, en el Crepúsculo de los dioses la hace cantar melancólica y triste, con noble y severa expresión en la marcha fúnebre después de la muerte de Sigfrido. En Parsifal, su timbre es místico y solemne, al finalizar el tercer acto, cantando sobre los “trémolos” de las cuerdas y el acorde de los tres fagotes: su frase, bellísima, la concluye un arpegio de arpa. Schoenberg en las Variaciones para orquesta, op. 31 conduce la trompeta a su máxima altura y a un grado de fuerza extraordinario, en el “clímax” final de la obra. El crepitar de las trompetas, con sordina al final de la danza guerrera de Daphnis et Choé destaca poderosamente sobre la violencia rítmica de la orquesta y arrastra con su poderosa voz a todo el conjunto de coros e instrumentos.
La trompeta ha sido empleada también en música de cámara en obras como Octeto de Stravinski, pero en general no se presta para ello debido a su timbre penetrante –aunque se oscurezca con cualquier clase de sordina- y al hecho innegable, de que su modo de expresarse, el difícil “legato” y la facilidad con que su “cantábile” adquiere una gran vulgaridad, es de poca categoría y dista mucho de poseer la inmensa gama de posibilidades de los instrumentos de cuerda y aún de las maderas.  

EL TROMBÓN

Su tesitura va del si bemol-1 al re4. Sus posibilidades artísticas y la nobleza de su timbre son muy superiores a la trompeta con la cual, sin embargo, está emparentado. La voz del trombón, con la sordina,  ha sido muy explotada, especialmente por los componentes de la Escuela de Viena ya que es de un gran dramatismo y de una dureza y fuerza extremas. Stravinski lo emplea también en su Canto del ruiseñor y en la ópera El ruiseñor. Notable y grandioso es el uso del trombón en la escena del Comendador en el Don Giovanni de Mozart  así como el empleo que de él hace Beethoven en la Novena sinfonía. Schoenberg, primero empezó a usar el “glissando”, en Pelleas y Melisande en 1903, efecto éste que se ha generalizado sea con un espíritu burlesco o como en el Concierto para piano de Ravel, sea para dar la máxima fuerza, de un salvaje desenfreno como en las danzas delante del becerro de Oro en el Moses und  Aron. Béla Bartok emplea un efecto similar en los tres trombones, primero con sordina y luego sin ella, para preparar la entrada del tercer tiempo en su Primer concierto para piano y orquesta. En uno de los dos finales de su Concierto para violín y en El mandarín maravilloso aplica los “glissandos” de armónicos efectos extraordinariamente dramáticos. El “legato” le es posible y aún con excelente efecto; recuérdese el “Tuba mirum” en el Réquiem de Mozart. Los pasajes rápidos no son demasiado adecuados al instrumento pero son posibles y de buen efecto como se observa en Strauss, El caballero de la rosa y en Berg, Lulu.

ENCICLOPEDIA DE LA MÚSICA Autores: FRED HAMEL & MARTIN HÜRLIMANN Traducción y adaptación: Dr. OTTO MAYER SERRA EDICIONES GRIJALBO, S.A. BARCELONA. 1970.

El Fortn del Estrecho